Entrevista con D. José Villaplana, Obispo de Huelva

Don José Vilaplana Blasco el 17 de Julio de 2006 fue nombrado por S.S. el Papa, Benedicto XVI Obispo de Huelva, sede de la que toma posesión el día 23 de septiembre de 2006. Según la Revista Infovaticano, “Soy el único obispo que no está licenciado”. Y es que, desde muy joven, José Vilaplana, fue llamado por sus superiores para caminar por los lugares más recónditos llevando el Evangelio. “Hoy, sigo siendo un cura de pueblo”.

Ha cumplido sus 73 años desde que naciera en Benimarfull, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia, el 5 de diciembre de 1944. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario metropolitano de Valencia, recibiendo la ordenación sacerdotal el 25 de mayo de 1972. Realizó estudios de Teología Espiritual en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Tras su ordenación sacerdotal desarrolló su ministerio, de 1972 a 1974, como coadjutor en la parroquia Cristo Rey de Gandía (Valencia) y hasta 1980 fue Rector del Seminario menor de Játiva y Responsable del Instituto de BUP de la misma población.

Fue Vicario Episcopal de la zona de Alcoy-Onteniente y párroco de Penáguilla, Benifallim y Alcolecha entre 1981 y 1984. En 1984 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante).

El 20 de noviembre de 1984 fue nombrado obispo auxiliar de Valencia y recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. El 23 de agosto de 1991 fue trasladado a la sede episcopal de Santander y desde allí a Huelva.

-¿Cuál es, desde su posición como Pastor de esta Diócesis, la situación social de Huelva?

-Existe en la actualidad una perspectiva de Huelva que se está abriendo ahora en el mundo de la agricultura que parece que va a ser muy importante. En El Andévalo he visto unas transformaciones de terreno muy grande en el tema del arándano que puede crear mucho trabajo, y el turismo que parece que se está acentuando. A mí lo que más me preocupa en nuestra sociedad es esa capa social que realmente no está teniendo una promoción, me preocupa la familia y los barrios, están como estancados, me preocupa la creación de trabajo para los jóvenes. Son los tres acentos que más me preocupan.

-¿Cómo conjuga la Iglesia su Doctrina social con esta situación?

-Estamos intentando que La Doctrina Social de la Iglesia esté muy presente a través del Centro de Pastoral y de Espiritualidad. Este año ha venido una gran profesora de la DSI, la profesora María Teresa Compte Grau, de la Pontificia de Salamanca. Y también estamos intentando que, a través del Apostolado seglar, la DSI se vea que forma parte de la evangelización. Una afirmación muy importante del Papa San Juan Pablo es que la Doctrina Social de la Iglesia forma parte de la evangelización, lo que pasa es que es muy difícil unir la fe a la vida. En la mentalidad general la fe se tiende a reducir a un ámbito más privado como si no tuviera que ver con la realidad social. Pero desde un tiempo a esta parte sí se está poniendo el acento en que la DSI esté muy presente.

-Hábleme del conocimiento que tienen los cristianos de la Doctrina Social de la Iglesia.

-Es todavía una gran desconocida aunque hay sectores que se están introduciendo en ella. Hay instrumentos en la Iglesia que hay que subrayar, el “Youcat” (es una síntesis del Catecismo de la Iglesia Católica especialmente dirigido a los jóvenes, una explicación contemporánea de la fe católica) y el “Docat” (es una presentación popularizada pedagógicamente de la Doctrina Social de la Iglesia) que hay que seguir acercando mucho a las personas, porque están pensados para los jóvenes pero que son válidos para crear una nueva mentalidad. La Doctrina Social de Iglesia es una asignatura pendiente a la que hay que incorporar ahora el “Laudato si” del Papa Francisco (carta encíclica sobre el cuidado de la casa común), por lo tanto no es un bloque cerrado, está abierta y va incorporando las encíclicas de los Papas, lo que los Papas van en cada momento iluminando, las realidades sociales, que son muy cambiantes y que se hacen urgentes como la inmigración o la ecología y que merecen una reflexión sobre ellos.

-¿Llegan los mensajes del Papa a los cristianos de base?

-Desde que se emiten esos mensajes hasta que llegan a introducirse en todas las capas sociales del catolicismo cuesta mucho. Pero yo pienso que todas aquellas personas que vayan teniendo algún tipo de responsabilidad dentro de la Iglesia los tienen que conocer bien y deben tener esa sensibilidad incorporada.

-¿Cuál es el papel social de las entidades religiosas en general?

-Toda la reflexión y toda la acción que se está realizando a través de Caritas tiene una incidencia social importante y muy valorada, incluso por personas que no forman parte de la Iglesia. Es la cara más amable de la Iglesia en la sociedad y tiene reconocimiento.

-¿Y las Hermandades y Cofradías?

-Yo creo que se está haciendo un gran esfuerzo para hacer tomar conciencia de la famosa religiosidad popular que el Papa Francisco valora como un elemento cultural que forma parte de la identidad de un pueblo, pero que hay que convertirlo en una oportunidad para evangelizar, tanto para ahondar en las raíces cristianas como en la dimensión social de las Hermandades. Se está haciendo un buen trabajo y, en algunas ocasiones, tomando decisiones que se pueden medir en el crecimiento de que esa dimensión social no se puede perder. El paso que hay que dar es que la ayuda al necesitado requiere una reflexión y una coordinación que todavía tenemos que ir logrando. No se trata sólo de que una Hermandad haga cosas concretas, es la situación global la que nos está invitando a una reflexión conjunta y a sumar y coordinar todos los esfuerzos.

-¿Qué papel juega Resurgir en todo esto?

Resurgir está siendo una iniciativa muy interesante e importante que especialmente en esta época de crisis está ayudando a muchísimas personas y está siendo cauce que utilizan Parroquias y entidades de la Iglesia para encauzar el problema fundamental de la alimentación y las necesidades básicas.

Hay que tomar ejemplo, y todas las entidades tenemos que ser conscientes de que el tema de la pobreza nos invita siempre a plantearnos nuevos retos y nuevas perspectivas porque es muy cambiante. Yo creo que lo que más urge es armonizar todas las acciones de la Iglesia para que no incidamos en unos campos más que en otros. Tenemos que saber distribuirnos el trabajo de tal manera que la atención global a la personas sea lo más completa posible.

-¿El cristiano tiene la obligación de paliar esas necesidades? ¿Es mejor camino el de la formación?

-La ayuda al necesitado tiene que ser promocional, esa es la clave. El cristiano ayuda en una necesidad inmediata, pero el objetivo es que esa persona pueda prescindir de la ayuda que recibe. La clave tiene que buscar que esa persona se promocione. Un ejemplo es La Cooperativa “Jabones con corazón” que ha surgido de unas mujeres que iban a pedir ayuda y que en un momento determinado fueron capaces de producir y generar una pequeña empresa, una iniciativa que les ha ayudado a ser autosuficientes. El cristiano no puede quedarse siempre en ayudar de una manera inmediata, hay que ayudar para que la persona se promocione en todos los sentidos. Es decir la caridad tiene que ser también evangelizadora.

-¿Responsabilidad de la Iglesia?

La Iglesia no puede hacer todo. Nosotros tenemos que ayudar a las instituciones a que tomen conciencia de que cumplamos, todos, con nuestras responsabilidades. Pero hay una promoción personal que puede cambiar por trabajar aptitudes, es decir que la persona no tiene necesidad solo de unos alimentos o de unos productos de higiene. Hay que ayudarles a la autoestima, a que se valoren ellos mismos. La pobreza más preocupante no es la pobreza de carencia material, es la de la falta de recursos personales. Hay que estimular su propia fe. La responsabilidad es de todos.

-¿Qué papel juegan los medios de comunicación en esa formación necesaria?

-Cualquier oferta nuestra queda muy contrarrestada por la invasión de medios de comunicación. Cualquier persona ve mucha televisión y eso le crea una mentalidad determinada que le impermeabiliza para la propia formación. Es decir, que los valores y los esquemas vitales que se presentan ahí son de una bajeza extraordinaria. Hablamos de programas basura y programas donde no hay un respeto a la persona, a la intimidad. Y esto se exhibe y hay personas, a las que no culpabilizo, que ante una oferta de formación es mucho más cómodo dejarse influir por el morbo, que por algo que le ayude a promocionarse y a formarse.

-¿Tienen mucho que decir las Parroquias y las familias?

-La familia tiene un papel muy importante. Si me pregunta qué acción pastoral hay que priorizar hoy, pues seguro que una pastoral de la familia, en la que la familia, padres e hijos, puedan crecer juntos en los mismos criterios, porque si no, en una situación de desarme ante lo que entra en casa, hace que toda la familia acabe teniendo una determinada mentalidad. La familia tiene que saber crear un estilo propio, aunque sabemos que no es fácil y que no son solo fórmulas, para que padres e hijos crezcan juntos, que varias familias creen también un ambiente de grupo de familias.

-¿La historia de Resurgir?

-Una familia sola se siente muy desarmada; si una familia comparte con otras familias pues están más arropadas. El Papa Benedicto decía que la renovación de la sociedad iba a quedar en manos de minorías creativas. Y es verdad que no podemos hacer frente a veces a estos macro fenómenos de globalización, pero sí podemos crear unos ámbitos en los que se viva la vida cristiana con una cierta naturalidad, que se respire en cristiano.

-¿Qué desafíos y qué propuestas pueden ser consideradas como más urgentes?

Una muy importante es cómo plantear la iniciación cristiana, que nos da mucha batalla y mucha dificultad. Ahí tenemos una oportunidad importante. Todavía hay muchos miles de personas que nos presentan a sus hijos para bautizarles y para hacer la primera comunión, y hay que plantear cómo convertir esa costumbre en descubrir un significado que es una batalla que hace sufrir mucho a catequistas y sacerdotes. Es una batalla, pese a todo, que no podemos dejar de dar. Es decir, hay que procurar que estas personas descubran una propuesta de posible estilo de vida cristiana.

-¿Hay déficit de juventud en la Iglesia? ¿Cuál es su papel? ¿Hay solución?

-(Sonrisa) Ojalá la encontrásemos. El Papa ha convocado un Sínodo sobre la Juventud porque es un fenómeno que afecta a toda la iglesia en conjunto y no solo a la Iglesia, también al mundo de la cultura, al de la política, al de la familia… Plantea interrogantes a todas las instituciones. Todas se preguntan cómo se conecta con la juventud, la Iglesia también.

-¿Se conoce el motivo?

Los jóvenes han entrado en una época, en la que ellos ya están metidos, que es la digital, en la que los adultos tenemos que entrar, pero que ellos están dentro. Viven en un mundo en el que tienen 100 amigos virtuales pero no tienen ninguno real que les dé una palmada en la espalda. Lo que para nosotros, otras generaciones, ha sido muy importante, ellos no lo niegan, solo prescinden de ello. Una de las cosas que les decimos a los jóvenes es que se interroguen sobre dónde quieren ir para que únicamente no sean llevados. Están bombardeados de influencias externas. Conocemos, y por eso lo estudiamos, que los jóvenes se distancian de la Iglesia, incluso sin agresividad y sin una razón conocida, simplemente se separan y se centran en otras dinámicas. Por eso la Iglesia les presta una atención especial. Yo pienso que en lo que tenemos que ayudar es en que los jóvenes sean personas que -lo dice el Papa- que no “balconeen”, que desde su balcón se paren y no solo dejen la vida pasar, que sean protagonistas de su propia vida.

El mensaje que le podemos dejar es ese, preguntaos dónde queréis ir y no os dejéis llevar. Hay que ponerles delante de sus ojos la figura de Jesús para que se encariñen con Él y quieran conocerlo e ir con Él.

-¿Falta evangelización en la juventud?

-Sí, pero también falta encontrar los cauces adecuados para la evangelización de los jóvenes. Antes querían ir a un campamento, pero hoy no tienen ganas de eso, porque eso supone dejar las maquinas digitales en casa y desconectar de las cosas de casa. Hay que buscar los lenguajes y los modos para poder evangelizarlos. Cuando un joven acaba bachiller tiene que salir de su propio ámbito buscando el lugar donde pueda cursar estudios superiores, lo mismo que cuando estos acaban y deben encontrar el lugar de trabajo. Todavía no hemos encontrado los cauces para poder hacer lo que se hacía antes, ahora es difícil convocar a la juventud para determinadas cosas.

-¿Qué aporta la Iglesia a la crisis actual? ¿Debe intervenir en todos los problemas de los ciudadanos?

-La Iglesia es consciente de que no puede resolver todos los problemas, pero todo lo humano le interesa y todo lo humano le afecta. Todo lo que afecta a la persona, afecta a la Iglesia, pero es verdad que debe buscar los campos en los que deba intervenir. La intervención de la Iglesia en los tiempos de crisis es insustituible, lo dicen todas las instancias. Y cuando se dice Iglesia están incluidas todas las acciones sociales de la iglesia, también las de los seglares como Resurgir. En todos los campos de la vida social, en el de la pobreza, la sanidad, la juventud, en la de los colegios, en todos los campos, interviene la Iglesia en conjunto. Pienso que la Iglesia tiene una presencia social muy importante y esto no significa que se pueda dormir en los laureles. Todos los que formamos la Iglesia, los seglares también, tenemos que saber estar dentro del mundo al servicio de los que más lo necesitan, para anunciarles a Jesucristo y saber que esto nos lleva a un estilo de vida solidario en el que el otro tiene que importarnos. Aunque es cierto que no estamos en una época de éxitos, sí de intentos de fidelidad.

La Iglesia en España tiene muchos bautizados, pero el reto es que esos bautizados sean creyentes y se vinculen a la comunidad. Que no vivan una fe individualista sino comunitaria, y que desde su inserción en la comunidad, se aúne más la fe y la vida, como decíamos al principio. Ese es el reto.

-Los voluntarios son gente desinteresada y altruista pero necesitan alimentarse espiritualmente para coger fuerza y seguir aportando su trabajo en favor de los más necesitados. ¿Qué les diría a esos voluntarios, cómo los alimentaría?

-El alimento que yo daría es lo que la Iglesia llama el Kerigma y que el Papa Francisco ha formulado de una manera tan bonita, que toda persona de este mundo pueda escuchar, como dicho para él en particular, Dios te ama, Cristo ha dado la vida por ti, El Resucitado está a tu lado para liberarte, para animarte, para abrirte un camino de esperanza… Yo pienso que las personas necesitamos sentirnos amados por Dios, sentir que ante sus ojos tenemos tanto valor, y esto es lo que nos abre los ojos para valorar a las demás personas. Me siento tan amado por Dios que no puedo vivir sin que los demás descubran esta maravilla. Y eso nos lleva a comprender la vida y a dejar que la fe impregne nuestras relaciones e impregne nuestra sociedad.

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